170 m2, dos pisos, sistema de alarma, amplias habitaciones y unos vecinos muy silenciosos. El único problema es que se construyo hace más de cien años. ¿Cuál es la solución? Una buena mano de pintura.
Situada en la cima de un pequeño montículo, la ermita de la virgen de la Yedra destaca por encima de todo el pueblo. Con más de 100 años de vida ha visto pasar por sus muros a mucha gente y ha vivido al menos tres romerías dedicadas a su virgen. Desde el momento que fue trasladada al pueblo, han sido sus habitantes los que se han encargado de cuidarla y adecentarla.
En una breve descripción de la ermita podemos decir que está hecha casi completamente de piedra. Solo los refuerzos del techo y la segunda planta en la parte posterior de la iglesia creada para albergar a los hombres del pueblo están hechos de madera. En su parte frontal encontramos tres retablos de madera, uno en el centro y otros dos a los laterales. Estos retablos fueron en un primer lugar hechos por gente del pueblo, en ellos se ven escenas de la biblia como la llegada del espíritu santo representado por la paloma o la natividad.
Son estos retablos los que centran la acción del artículo. ¿La razón? Que hace bien poco han sido restaurados. La peculiaridad de este hecho es que la restauración ha sido llevada a cabo por los propios vecinos del pueblo, más específicamente por un grupo de mujeres aficionadas a la pintura.
Tratándose de unos retablos antiguos lo normal hubiera sido haberlos puestos en manos de expertos restauradores, como se hizo con los retablos de la iglesia o el retablo que aparece en la zona central de la ermita. ¿Qué es lo que llevo al pueblo a decidir pintar ellos mismos los retablos? Las opciones que parecen más factibles son, en primer lugar, la falta de dinero para enviar todos los retablos a un restaurador o, en segundo lugar, el pensamiento de que, como los retablos fueron creados por alguien del pueblo lo mejor era que los restaurara otra vez el pueblo.
Para ser sinceros me da igual las razones que realmente les llevaron a pensar que la mejor idea era la de restaurarlos ellos mismos, pues los resultados hablan por sí solos. La pintura se ve más viva, los dibujos son más claros y por fin se puede ver claramente al ángel de la anunciación antes irreconocible por el paso del tiempo. Se nota claramente que la restauración ha sido llevada a cabo por aficionados, pero también se ve que el retablo actual no dista demasiado del original. Esta nueva mano de pintura ha dejado los retablos como nuevos y listos para durar otros cien años como mínimo.
Sin duda la iniciativa de este pueblo ha sido muy positiva, pero aun así no debemos pensar que ésta deba ser trasladada a otros lugares. Los retablos deben ser cuidados, porque son pequeñas piezas de arte que representan nuestra cultura.
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